lunes, 19 de marzo de 2007

Vida Eterna.


Yace tendido esperando el momento de dormir y tomar su propia venganza contra la vida. El rumor de la lluvia tras la ventana parece pronunciar palabras de despedida al mismo tiempo que el dolor gana la batalla a los analgésicos. El doctor se arrodilla, inspecciona al anciano y tras meditar durante un leve lapso de tiempo, opina que debería ser trasladado a un buen hospital donde existen medios suficientes como para tratar su enfermedad. Pero el anciano se niega rotundamente: “No hay cura para la vejez. Dejadme morir en mi propia casa.” La familia que cree que la vida es eterna se resiste da la orden de traslado. El cuchillo cae de los pálidos y temblorosos dedos que lo sostenían. La lluvia sigue cayendo en la noche teñida de sangre. Amanece.

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