Me fui a otro lugar, donde la noche se apaga ante el fulgor de edificios dorados y las calles atestadas de gente no dejan respirar. Pisé la tierra que un día me trajo en sueños el inesperado dragón rojo pintado de sangre. Al instante mi cuerpo comenzó a desvanecerse, la piel se hizo translúcida, las palabras que como niños no paran de jugar dentro de mi cabeza quedaron dormidas. La ciudad me absorbe, las miradas son invisibles, mi nombre deja de ser pronunciado y esto entierra mi propia existencia. Es posible que la ciudad absorba la energía de las personas de la misma forma que lo hace con la vida del planeta tierra. Del mismo modo que aquel dragón del cuento otoñal, busco un tesoro para proteger caminando entre hobbits, semáforos, enormes centros comerciales, elfos y la magia de los trenes que cabalgan en la oscuridad por enormes grutas construidas en la antigüedad. La presión de la profecía cae desde el cielo como una pesada tormenta, pero eso no impide el encuentro. Cierro los ojos y en mi mente aparece la vista desde la lejanía de la mar serena proclamando un adiós con el bramido de sus olas y su brisa de sal. La luz que se filtra a través del cristal descorre el telón de la realidad. Estoy solo entre las sabanas del sueño húmedo que compartimos. Vuelvo hacia otro lugar.232 Palabras.
Eeid milad sa'aeed
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